Posted by : Entre Notas Rosa martes, 28 de agosto de 2018

Uno de los dos individuos descubiertos en Floresta (Boyacá), a partir del análisis radiocarbónico, es considerado el colombiano más antiguo por pertenecer al periodo Precerámico (7040 a. C. al 6680 a. C.), época de los cazadores-recolectores.

BOGOTÁ D. C., 27 de agosto de 2018 — Agencia de Noticias UN-

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

Los restos óseos analizados forman parte de la colección del Museo Arqueológico de Sogamoso
Los restos óseos de los que se podrían considerar como los pobladores más antiguos de Colombia y que son resguardados en el Templo del Sol, en Sogamoso, fueron analizados por Lilián Andrea Casas Vargas, doctora en Ciencias - Biología de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), incentivada por el profesor José Vicente Rodríguez, del Departamento de Antropología. 

Su trabajo consistió en caracterizar 46 restos óseos de tres épocas distintas custodiadas por el Museo Arqueológico de Sogamoso “Eliécer Silva Celis”. La muestra está compuesta por cinco cazadores-recolectores con 8.000 años de antigüedad, descubiertos en Floresta (Boyacá); siete individuos de la época en que se inició la agricultura, periodo conocido como Formativo –seis hallados en Duitama y uno en el Templo del Sol–, y demás individuos del periodo Muisca Temprano (775 al 975 d. C.) y Tardío (1025 al 1165 d. C.) –cinco hallados tras la excavación realizada a una de las malocas y 29 de la colección del Museo. 

“De Floresta se analizaron los cráneos, algunos con dientes; del periodo Formativo se tomaron huesos largos como el fémur; y de los muiscas se trabajó con el fémur y los molares”, detalla. 

La bacterióloga se centró en diferenciar genéticamente las poblaciones muiscas, establecer sus relaciones con otros grupos y hallar su posible tronco ancestral. La comparación de material genético la hizo a partir de la identificación de los haplogrupos mitocondriales, conjuntos de genes relacionados entre sí y que se encuentran en posiciones concretas, llamadas locis, de los cromosomas. 

Gracias a los marcadores mitocondriales, que se transmiten por línea materna a las hijas, se ha podido identificar tanto el origen y tiempo de divergencia de poblaciones ancestrales como los eventos drásticos en el descenso del número de miembros de una comunidad –algunos al borde de la extinción– o cuando las frecuencias alélicas del genoma de una población cambian a lo largo de varias generaciones por cuenta de transformaciones microevolutivas. 

Rompiendo células 

Para el marcador genético del ADN mitocondrial se trabajó la extracción y amplificación de al menos 13 muestras en el Laboratorio del Instituto de Genética de la U.N., por medio de un procedimiento convencional en el que se analizaron entre 210 y 400 pares de bases de cromosomas. 

Los restos óseos se sometieron a un proceso de limpieza física y química para evitar contaminación con material genético externo, y luego se pulverizaron. Después, para extraer el ADN de la muestra, se rompieron las células del hueso mediante reactivos químicos. 

Luego se aplicó la técnica de amplificación de ADN mediante la reacción en cadena de la polimerasa (pcr), que consiste en seleccionar un fragmento del ADN mitocondrial para hacer varias copias de este, con el fin de realizar la secuencia de nucleótidos del fragmento de interés. 

“A partir de la información obtenida se elabora un análisis informático en el que se comparan las variaciones del fragmento estudiado contra una base de ADN de referencia que determinará a qué haplogrupos pertenece cada uno de los individuos”, señala la experta. 
El Museo Arqueológico de Sogamoso posee una de las colecciones de restos óseos más grande del país
Nuevos linajes precolombinos 

El análisis completo de ADN terminó en 2016, cuando la bacterióloga recibió el documento con los resultados del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Innsbruck (Austria), donde meses atrás, gracias a una beca, había profundizado en el estudio de la mitocondria. 

De los individuos estudiados se establecieron dos nuevos linajes no reportados en comunidades precolombinas: A2ad3 y A2ac1a. También identificó el subhaplogrupo A2y, reportado en los waorani, población aislada en la Amazonia ecuatoriana que hasta el hallazgo se consideraba única en esa zona. 

Los individuos provenientes del hallazgo arqueológico de Duitama, y que son del periodo Formativo (20 a. C. al 125 d. C.), pertenecen al haplogrupo B2d; un individuo proveniente del Templo del Sol fue clasificado como A2ac; y los del período Muisca cuentan con el macrohaplogrupo A2, originario de los primeros pobladores de Asia que cruzaron el estrecho de Bering.

A partir del análisis radiocarbónico se analizan los restos óseos  hallados en Floresta
Cráneo alargado y muelas grandes 

A partir del análisis radiocarbónico se halló que dos individuos, descubiertos en Floresta, fueron clasificados como C1b y C1b8. Uno de ellos es considerado el colombiano más antiguo por pertenecer al periodo Precerámico (7040 a. C. al 6680 a. C.), época de los cazadores-recolectores. 

Entre las características identificadas en ellos se encuentra una dieta con alto consumo de tubérculos, carne y grasa animal. Los cráneos son alargados, angostos y altos; los dientes, en especial los molares, son grandes y presentan desgaste dental. No se observan caries, pero sí pérdida de piezas dentales por desgaste y enfermedad periodontal. 

Para el profesor Rodríguez, toda la nueva información obtenida corrobora los planteamientos propuestos desde la antropología física, sobre un proceso microevolutivo entre los paleoamericanos (pobladores más antiguos) y los muiscas, en el transcurso de casi 10.000 años; se diferencian morfológicamente como consecuencia de los cambios en los patrones de subsistencia.

(Por: fin/DGH/MLA)

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