Posted by : Entre Notas Rosa jueves, 10 de mayo de 2018

“La nueva hornada del bachaqueo sexual que viene de Venezuela es la oferta para mujeres”

Por Abel Medina 2018 / 05 / 10

Hace más de un año publiqué una columna de opinión denominada “El bachaqueo sexual”, en el que anunciaba que se nos venía una oleada migratoria desde Venezuela, dentro de la cual había una muy amplia, generosa y “barata” oferta de servicios sexuales.

Para entonces, ya Maicao estaba tomado de “Placas blancas”, pero en Riohacha y el resto del país era algo insospechado y lejano. Aquello que alegró a unos cuantos, exacerbó el escándalo en no muchos y desplazó “la mano de obra” nacional, se volvió tan común y corriente que hoy es el mal menor entre otras variedades de ese tipo de “bachaqueo” que no dejan de sorprendernos.

Tras estas se vinieron los travestis, muy distintos a los “maricas” que conocíamos, ya que también ejercen la prostitución y en Maicao, durante las noches, se consiguen en algunas esquinas de la calle 16.
   



Las sorpresas no quedan allí. Una muy agraciada y reconocida docente de la Universidad de La Guajira, me contaba entre risas y susto, entre asombro e indignación, lo que le ocurrió una noche reciente en un lugar de rumba de la Avenida de La Marina. 

De pronto se le acerca un muy atlético “tumbalocas” quien sonriente se le presenta: “Mucho gusto, soy gigoló”.  Nuestra amiga, soltera independiente, mientras respondía el saludo admiraba los bíceps de quien la saludaba creyendo que “gigoló” era el sugestivo nombre italiano del recién aparecido que hablaba en dialecto zuliano.

Su sorpresa iría en aumento cuando le informa ceremonialmente “cobro 40 mil por el rato y 70 mil con todos los juguetes”. La otoñal docente, aún sorprendida, necesitó que una de sus compañeras le explicara con gestos las poco honrosas pretensiones del “gigoló”, para entender la inusual situación en la que se encontraba. Mucho más al conocer los detalles del arsenal de “juguetes” al que se refería el oferente.  Su reacción, en la que se le revolvió toda esa carga provinciana y algunos tragos, fue airada, amenazante e iracunda. No era para menos.

Así como esta docente universitaria, cualquiera mujer o grupo de mujeres que frecuenten la zona rosa de Riohacha, están expuestas en estos días, a que les llegue un “gigoló” venezolano, muy joven y musculoso, a proponer sus servicios como prostituto (si se me vale la palabra).

La anécdota que me contaba la docente de marras me forzó a indagar fuentes, la más enterada, como son los taxistas. En efecto, la nueva hornada del bachaqueo sexual que viene de Venezuela es la oferta para mujeres. Se suelen llamar “gigoló”, palabra que designa al hombre, generalmente joven, quien se dedica a la prostitución y tiene como principales clientas a mujeres maduras e independientes económicamente quienes los mantienen.

Un taxista me contaba que hay casas de citas en Riohacha, donde acostumbran llegar encopetadas mujeres en carros lujosos por su buena ración de testosterona y colágeno. “Hay quienes se llevan hasta de par, como las cotizas” me decía un conductor.

Esa nueva modalidad, rompe con una tradición que nos enseñó que eran los hombres los que salían “a buscar a las putas”, mientras la señora se quedaba en casa, resignada a la espera de la excusa que “eso con agua y jabón sale”. No sabemos, hasta dónde, la moralidad provinciana que aún tenemos como reserva en las mujeres, se diluya en este mundo de oferta y demanda de sexo con su lastre de proliferación de enfermedades de trasmisión sexual.

Si bien, en un medio radial escuchaba hace días, que las mujeres casadas de Fonseca están organizando una protesta contra las mujeres venezolanas que literalmente “les están robando los maridos”, no sabemos si el género femenino aproveche las bondades económicas de esta oferta sexual de gigolós para tomar desquite de tanta “placa blanca” que les han tenido que tolerar a los hombres guajiros en los últimos meses.

Si la prolija oferta de “placa blancas” y “arrebata maridos” tiene en jaque a las mujeres guajiras y les exige esmerarse más para atender a sus maridos, es posible que los gigolós obliguen a esos mismos maridos a cuidar más lo que tienen en casa. Por ahora, debemos acostumbrarnos a nuevas modalidades en la que ya se tiene que hablar de “placablanqueo” masculino también.     

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