Posted by : Entre Notas Rosa viernes, 3 de octubre de 2014


Weildler Guerra * | Elespectador.com






Ciertos sabores primarios, escribe el francés David Le Breton, constituyen un vínculo secreto e intemporal que une al individuo con las mesas de su infancia.

En ellos hay siempre esa raíz antigua que nos lleva a encontrarnos en la cocina con un saldo de memoria que se reactiva cada vez que comemos. La nostalgia empieza por la comida, decía García Márquez en una entrevista concedida en 1981 a la revista Coralibe. 

En ella, Gabo narra cómo viajando en un vuelo de Madrid a Bogotá la aeronave tuvo que hacer una escala técnica en Barranquilla, lo cual fue aprovechado por el escritor para solicitar a la azafata que atravesara la carretera y en una pequeña choza que había justo enfrente del aeropuerto le comprara arepas de huevo. 

“Oye, ¿y tú cómo sabías que allí vendían arepas de huevo?”, le dijo la azafata tras regresar con ellas en la mano. “Mija, si toda la vida me la pasé allí comiendo arepas de huevo”, le respondió el escritor.

El horizonte de la arepa de huevo se extiende por casi todo el Caribe colombiano pero su preparación, sabor y presentación están lejos de ser homogéneos, pues la cocina tiene también sus taxonomías. 

Hasta la saciedad han dicho los cartageneros que no debe llamarse arepas de huevo a sus empanadas con huevo que contienen, además de este, un picadillo de carne sápida. Los habitantes de Santa Marta pueden agregarle, según gusto del comensal, tomate y cebolla picada al huevo y este queda dentro de la arepa en forma de huevos pericos.

Una distinción significativa es la que existe entre arepas y arepuelas, pues las segundas son más sutiles. Llaman arepuelas sencillas a aquellas que no llevan huevos y que pueden ser aderezadas con anís y dulce o pueden ser simplemente sazonadas con sal. 

Las arepuelas de huevo, propias de Riohacha y la antigua provincia de Padilla, contienen el huevo batido y no entero, se fríen dos veces y su masa es aderezada. García Márquez tenía esto claro, pues su abuela materna y su progenitora eran guajiras de cepa: “en la región que hoy se llama La Guajira existía la arepuela, que es la arepa frita con maíz en grano y el hoyito ese por donde le meten la varilla para sacarla del caldero”, dice nuestro insigne autor.

La arepuela de huevo, por la mayor complejidad de su preparación y ante la avalancha comercial de un estereotipo burdo de la arepa de huevo, está hoy a punto de desaparecer. Su preservación reposa solo en la mente y en las manos de Angélica Pérez y Fedalma Martínez, que habitan en un antiguo barrio de marineros de la capital guajira. 

Por ello en el próximo evento ‘La cocina importa: cocina con identidad’, que se realizará en Riohacha entre el 14 y el 17 de octubre, la arepuela de huevo fue considerada como el plato en peligro y las dos portadoras de esta tradición serán premiadas por su labor. Ello nos debe recordar que más que con nutrientes, nos saciamos con la memoria y con los sentidos.

wilderguerra@gmail.com 




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