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Posted by : Entre Notas Rosa miércoles, 15 de noviembre de 2017

Fuente: kienyke.com


Por: Javier Borda
En Twitter: @javieraborda

La desconfianza hacia el periodismo es muchas veces merecida, no solo porque los medios tienen intereses comerciales, sino porque el periodista ha aprovechado su lugar para persuadir en lugar de informar y últimamente hasta ha disfrazado lo que publica en redes sociales con tal de ganar dinero o fama.

Son tiempos en los que al periodista le dicen ‘influenciador’. El profesional del Mercadeo lo visualiza y le compra su poder de difusión. Fíjese que no es raro ver tuits, posts o fotos de los colegas ofreciendo productos en sus perfiles digitales sin aviso de que es publicidad y con el disfraz de ser un comportamiento natural.

La periodista va al gimnasio, publica constantemente fotos a sus miles de seguidores y, por eso, seguramente le hacen un descuento o le regalan la suscripción. El periodista luce su vestimenta y en realidad está promocionándola. Y qué decir de muchos que cubren tecnología… van al lanzamiento de un celular o de un producto y parecen comerciales digitales con publicaciones minuto a minuto tipo: ‘En camino a probar el nuevo Huawei’, ‘Aquí, probando el último iPhone’’, ‘Ensayando mi nuevo TV Samsung de 100 mil pulgadas’.

Cruzar la barrera de la información paga con la personal también ha mermado la credibilidad del periodista. Los regalos y los viajes pagos a los periodistas siempre fueron una forma de incidir en su criterio. De antaño se sabe de periodistas comprados. De hace mucho tiempo se sabe de la autocensura. De siempre se conoce que el periodista tiene una afiliación política que le impide reconocer, a veces, lo que ve la oposición.

La polarización y manipulación también se dieron sin noticias falsas. Sin las paparruchas también hubo poderosos intereses detrás de la información. El objetivo mínimo es buscar el equilibrio, que la gente sepa al menos cuándo el periodista le habla con fines publicitarios en redes sociales, cuando es él realmente y cuándo está trabajando cumpliendo todas las exigencias del oficio.

Hace tiempo, el Community Manager (CM )de un reconocido medio colombiano publicó en su Twitter una foto de un balde con cervezas que le habían regalado y lo hizo con la respectiva mención a la empresa. Entonces le escribí, con la confianza de ser conocidos:

– Doc, de allá le dicen que “De nada” por la publicidad gratuita. Pilas…
– ¡Saludos! Fresco, te invito una. –me contestó-.

Pocas semanas atrás, le pregunté a otro colega si un tuit que había publicado era pago. Respondió así: “No, gano suficientemente bien como para comprarme un TV así, perfecto pal mundial”.

Al periodista le falta autocrítica y humildad y esto –que quede claro- no choca con la necesidad de valorar lo que hace el periodismo, con el deseo de querer mejorarlo y resaltar todo lo bueno que significa para una sociedad.

Ahora que se habla tanto de noticias falsas hay que saber reconocer las fallas propias, sin llegar al maniqueísmo. La gente cree en las noticias falsas porque tampoco cree en los periodistas. El problema es de credibilidad, de formación y de ética. Y la respuesta no se trata solo de decirle a la gente que consulte noticias en medios de confianza cuando los mismos dueños de los medios tienen intereses comerciales que superponen a la información.

PD: Muy a nuestro pesar, es una gran ironía que la gente crea información mentirosa al tiempo que decide no acudir a la voz del periodista, el mismo que estudia y se gana la vida –a veces de manera tortuosa- tratando de descubrir la verdad.




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