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Posted by : Entre Notas Rosa miércoles, 15 de julio de 2015

No está claro es que esa apertura económica derive en una apertura democrática.

Por 2:27 p.m. | 14 de julio de 2015


Henry Kissinger cuenta en su libro “China” que en 1993 el entonces presidente Bill Clinton anunció el compromiso de EE.UU de hacer todo lo que estuviera a su alcance para promover la democracia en esa potencia asiática. Veinte años después, la inversión directa anual de EE.UU en China se había septuplicado alcanzando los 61 mil millones de dólares. La plata llegó, pero la democracia no.
Algo similar está ocurriendo en Cuba. En lo que va de julio, en la isla pueden verse dos tipos de noticias. Por un lado la llegada de 150 empresarios italianos interesados en invertir –según informa el Centro para la Promoción del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba–, y por otro lado la detención de 120 activistas en la marcha de las Damas de Blanco del pasado domingo –según informa el portal de noticias 14 y Medio de la opositora Yoani Sánchez. En la primera noticia está la novedad del desembarco del capital extranjero, en la segunda, en cambio, está la confirmación de la represión política de los últimos 56 años.

El 2014 fue el año de la apertura cubana al gran capital, por eso no es casualidad que el gobierno de Barack Obama haya acelerado el acercamiento con el régimen de los Castro y que el próximo 20 de julio sea la histórica apertura de las embajadas.
Sumado a esto, los norteamericanos han retirado a Cuba del elenco de países auspiciadores del terrorismo y han ido desmontando paulatinamente el embargo impuesto desde 1960, como se puede concluir de la salida de 37 empresas cubanas de las listas de sanciones comerciales ¿Qué ganan con esta alianza Cuba y EE.UU?
Cuba hace mucho tiempo perdió a esa Unión Soviética que, interesada en mantener a flote al gobierno revolucionario por razones geopolíticas, le compraba incluso el azúcar que no necesitaba. También perdió al aliado venezolano que en 2008 vendía a 150 dólares el barril de crudo y era la chequera del proyecto socialista latinoamericano. Los comunistas cubanos han visto que la tabla de salvación de la isla está en los capitales extranjeros que catapultaron la economía China, y bajo esa lógica no hay mejor aliado que EE.UU, la bestia negra en los interminables discursos de Fidel Castro en la Plaza de la Revolución.
EE.UU, por su parte, ya no tiene interés en mantener un embargo que había impuesto como respuesta a las expropiaciones de la revolución, porque ahora puede participar en una cartera de inversión de 8.700 millones de dólares. El documento de 168 páginas que los guerrilleros de la Sierra Maestra reparten entre los potenciales inversionistas incluye la construcción de un complejo de golf de 560 millones de dólares en la provincia de Cienfuegos. Y eso es sólo el comienzo de un amplio panorama de oportunidades de negocio en un país que ha estado estancado durante más de medio siglo.
Está claro, entonces, que la llegada de los embajadores a Washington y La Habana permite un encuentro multimillonario,lo que no está claro es que esa apertura económica derive en una apertura democrática. Los cubanos seguirán esperando derechos civiles y políticos, y no será el pueblo quien disfrute los futuros resorts o los casinos.
Cuba podría ser un nuevo Dubái o Catar, donde abunda el dinero pero no las libertades, y los que disfrutan la bonanza son los sátrapas y los grandes capitalistas. En medio del entusiasmo por el restablecimiento pleno de las relaciones diplomáticas, pocas han sido las voces que han pedido mayores exigencias a Cuba en materia de derechos humanos.
La disidencia cubana y el senador y precandidato republicano Marco Rubio (hijo de cubanos) han pedido que la transformación política y el respeto por los derechos fundamentales sean condiciones para los acercamientos con el gobierno de Raúl Castro. La Casa Blanca ha respondido advirtiendo que ese tema siempre estará sobre la mesa, pero mientras hay avances lo cierto es que los empresarios disfrutarán de ventajas como la de una economía donde el Partido Comunista prohíbe los sindicatos libres y controla la competencia en favor de los inversionistas. Habrá que esperar que los anuncios de Obama sobre Cuba, no tengan los mismos resultados que los anuncios de Clinton sobre China en 1993.
Cristian Rojas González
Profesor del Programa de Ciencias Políticas
Universidad de La Sabana
*El análisis que se desarrolla en este espacio es fruto de la opinión personal del docente en el ejercicio de la libertad de cátedra y no compromete la posición institucional de la Universidad de La Sabana.



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